Volver a reconocerse: la relación con el cuerpo después de una lesión medular

Cuando hablamos de rehabilitación después de una lesión medular aparecen conceptos como movilidad, fuerza, autonomía, transferencias, fisioterapia o productos de apoyo.
Son aspectos importantes. Pero hay otro proceso que no siempre recibe tanta atención.

Volver a relacionarse con un cuerpo que puede haber cambiado

Y no hablamos únicamente de aprender a hacer determinadas cosas de otra manera. Hablamos también de mirarse, de reconocerse, de sentirse cómodo —o no— con determinados cambios, de descubrir cómo responde ahora el cuerpo.Y de convivir con la mirada que los demás proyectan sobre él.

El cuerpo cambia de más formas de las que vemos

Una lesión medular puede producir cambios en la movilidad y la sensibilidad, pero sus efectos pueden ir mucho más allá de aquello que resulta evidente desde fuera.
Pueden cambiar determinadas funciones corporales, aparecer nuevas rutinas de cuidado, modificarse la musculatura o el peso, existir cicatrices o cambiar la manera de colocarse, moverse o vestirse.

Algunos cambios son visibles. Otros solamente los conoce la propia persona.
Y todos ellos pueden influir de maneras muy diferentes en la relación que mantenemos con nuestro cuerpo.

Adaptarse funcionalmente y reconocerse no son lo mismo

Puedes aprender una transferencia. Puedes manejar perfectamente tu silla. Puedes volver a conducir, trabajar o realizar muchas de tus actividades habituales. Y aun así necesitar más tiempo para acostumbrarte a determinados cambios de tu cuerpo.

La rehabilitación física tiene unos objetivos concretos. La relación con la propia imagen no sigue necesariamente ese calendario. Además, tampoco existe un momento determinado en el que una persona tenga que decir: “Ya lo he aceptado”.

La relación con nuestro cuerpo cambia durante toda la vida, tengamos o no una discapacidad.

El espejo no es la única mirada

La imagen corporal tampoco se construye únicamente delante del espejo.También influye cómo nos miran los demás.
Después de adquirir una discapacidad pueden aparecer miradas de curiosidad, preguntas inesperadas, comentarios sobre el cuerpo o situaciones en las que la silla de ruedas parece llegar antes que la propia persona.

Y puede ocurrir algo más sutil: que otras personas empiecen a tratar ese cuerpo de una manera diferente. Con excesiva protección. Con incomodidad.Con distancia. O dando por hecho qué puede o no puede hacer.

La forma en la que los demás miran nuestro cuerpo no determina necesariamente cómo nos vemos, pero puede formar parte de ese proceso.

«¿Y ahora qué me pongo?»

Puede parecer una cuestión menor. No lo es.
La ropa también forma parte de nuestra identidad.
Después de una lesión pueden aparecer nuevas necesidades prácticas: prendas que resulten cómodas estando sentado, costuras que no generen problemas, facilidad para vestirse, determinados tipos de calzado o ropa compatible con diferentes productos de apoyo.
Funcionalidad y estética no deberían convertirse en conceptos opuestos.

Seguimos queriendo elegir cómo nos vestimos y cómo queremos mostrarnos al mundo.
Encontrar nuevas formas de hacerlo puede ser otra parte de ese proceso de reconocerse.

El cuerpo también entra en las relaciones

La percepción del propio cuerpo puede aparecer también cuando hablamos de pareja, intimidad o sexualidad.
Preguntas sobre el deseo, el atractivo, cómo nos verá otra persona o cómo serán las relaciones sexuales después de la lesión pueden formar parte del proceso.
Habrá personas para quienes estos cambios ocupen un espacio importante durante algún tiempo y otras para quienes tengan mucho menos peso.

Lo importante es que exista la posibilidad de hablar de ello sin vergüenza y sin asumir que la sexualidad desaparece después de una lesión medular.

No tienes que convertir cada cambio en algo positivo

Hay una presión que conviene evitar.
La de transformar cualquier dificultad en una historia de aceptación, fortaleza o superación. No es obligatorio que te guste cada cambio de tu cuerpo. Puedes sentirte cómodo con unas cosas y no con otras.

Puedes tener épocas en las que apenas pienses en ello y otras en las que determinados cambios te afecten más.

Puedes echar de menos cosas de tu cuerpo anterior y, al mismo tiempo, estar construyendo una vida con la que te sientes bien.
Una cosa no invalida la otra.

Tampoco existe una única forma de sentirse bien con uno mismo

Para algunas personas puede ser importante volver a practicar deporte. Para otras, encontrar ropa con la que vuelvan a sentirse ellas mismas.
Habrá quien necesite hablar sobre sexualidad, quien encuentre apoyo compartiendo experiencias con otras personas con lesión medular y quien prefiera abordar determinadas cuestiones con un profesional.

No existe un recorrido que haya que completar. Ni una fecha límite.

Poder hablar también forma parte del proceso

Cuando un cambio corporal nos genera malestar, afecta a nuestra autoestima o empieza a interferir en nuestras relaciones o en nuestra vida cotidiana, poder hablar sobre ello puede ayudar.

Con personas de confianza.Con otras personas que hayan vivido experiencias parecidas. Y, cuando sea necesario, con profesionales que puedan acompañarnos.
La rehabilitación no consiste únicamente en aquello que conseguimos hacer con nuestro cuerpo.También puede incluir cómo volvemos a relacionarnos con él.

Cada persona encontrará su propia manera —y su propio tiempo— de volver a reconocerse.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.