Tener derechos y poder ejercerlos no siempre es lo mismo
Durante las últimas décadas se han producido importantes avances en el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad.
Hablamos del derecho a la accesibilidad, al empleo en igualdad de condiciones, a la educación, a la movilidad, a la participación social o a decidir cómo y dónde vivir.
Pero entre el reconocimiento de un derecho y su ejercicio cotidiano todavía puede existir una distancia considerable.
Porque las barreras no desaparecen automáticamente cuando cambia una ley.
Y hay otra dificultad añadida: para ejercer un derecho, primero hay que saber que existe.
Cuando descubres un derecho después de haberlo necesitado
Hay situaciones que muchas personas terminan normalizando.
- Un lugar al que no pueden acceder.
- Una dificultad en el puesto de trabajo que podría solucionarse mediante una adaptación.
- Un transporte que no pueden utilizar.
- Una ayuda que nunca solicitaron porque nadie les explicó que existía.
- Un recurso que descubrieron hablando casualmente con otra persona con discapacidad.
Es entonces cuando aparece una frase que seguramente muchas personas han pronunciado alguna vez:“Ojalá lo hubiera sabido antes.”
El desconocimiento puede provocar que una persona renuncie a determinadas oportunidades o tenga que asumir dificultades que podrían haberse evitado.
Por eso informar sobre derechos no es únicamente una cuestión jurídica.
También es una herramienta de autonomía.
Los derechos están en las situaciones más cotidianas
Hablar de derechos puede sonar abstracto hasta que lo trasladamos al día a día.
- Es poder acceder a un edificio sin que tengan que levantarte entre varias personas.
- Es desarrollar tu trabajo sin que una barrera evitable te coloque en desventaja.
- Es poder utilizar el transporte.
- Es acceder a información comprensible.
- Es estudiar.
- Es disfrutar del ocio.
- Es poder tomar decisiones sobre dónde y con quién quieres vivir.
En definitiva, los derechos aparecen constantemente en situaciones que forman parte de una vida normal.
El empleo es un buen ejemplo
Una persona con discapacidad puede encontrarse con que determinadas características de su puesto dificultan su trabajo.
Sin embargo, quizá no sepa que puede solicitar ajustes razonables.
Estos pueden afectar al entorno físico, los equipos, determinadas formas de organización o las condiciones en las que se desarrolla la actividad laboral, siempre atendiendo a las circunstancias concretas y evitando que supongan una carga desproporcionada.
No hablamos de conceder privilegios.
Hablamos de eliminar barreras que impiden competir o desarrollar una actividad en igualdad de condiciones.
Y conocer esa posibilidad puede cambiar completamente la manera de afrontar una dificultad laboral.
La accesibilidad tampoco es un favor
Existe otra situación especialmente cotidiana.
- Un restaurante dice ser accesible, pero tiene un escalón en la entrada.
- Un baño adaptado no puede utilizarse.
- Un ascensor permanece fuera de servicio sin alternativa.
- Una rampa tiene una pendiente imposible.
Muchas veces la respuesta que recibe la persona es: “No te preocupes, te ayudamos.”
Pero depender de que alguien pueda ayudarte no equivale a disponer de un entorno accesible.
La accesibilidad no debería depender de la buena voluntad de quien esté allí ese día.
Saber dónde acudir también importa
Conocer un derecho es el primer paso.
El siguiente es saber qué hacer cuando no se respeta.
Y ahí pueden aparecer muchas dudas: dónde solicitar información, qué documentación presentar, ante qué organismo reclamar o qué recursos existen.
Para una persona que acaba de adquirir una discapacidad, enfrentarse además a procedimientos administrativos y legales puede resultar especialmente complejo.
Por eso el asesoramiento y el acompañamiento son fundamentales.
El papel de las asociaciones
El movimiento asociativo cumple aquí una función que va mucho más allá de prestar servicios.
Las asociaciones también ayudan a traducir las leyes a situaciones reales.
- ¿Qué puedo solicitar?
- ¿Dónde tengo que hacerlo?
- ¿Existe alguna ayuda?
- ¿Qué opciones tengo ante esta barrera?
- ¿Dónde puedo reclamar?
Y también permiten compartir algo especialmente valioso: la experiencia de otras personas que ya han pasado por situaciones similares.
Muchas veces un derecho se descubre precisamente porque alguien de la comunidad comenta: “¿Sabías que puedes solicitar esto?”
Ese intercambio de información también genera autonomía.
Del papel a la vida cotidiana
Seguir avanzando en legislación es imprescindible.
Pero el verdadero éxito de una ley llega cuando una persona puede ejercer el derecho que reconoce sin tener que convertir cada situación cotidiana en una batalla.
Por eso necesitamos leyes.
Pero también necesitamos que sean conocidas, comprensibles, accesibles y aplicadas.
Desde ASPAYM Madrid trabajamos para que las personas con lesión medular y otras discapacidades dispongan de información, orientación y apoyo para conocer los recursos y derechos que pueden afectar a su día a día.
Hay una frase que resume muy bien el problema: Un derecho que desconoces es un derecho que difícilmente puedes ejercer.
Y precisamente por eso, conocer nuestros derechos también forma parte de construir una vida con mayor autonomía.
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