Volver a casa… y descubrirla de otra manera
Después de una lesión medular, el regreso a casa representa un momento importante.
Durante la hospitalización y la rehabilitación se han aprendido nuevas rutinas, técnicas de movilidad, transferencias, cuidados y formas diferentes de realizar muchas actividades cotidianas.
Pero llega el alta y aparece una pregunta muy concreta: ¿Está preparada mi casa para todo esto?
Un hogar que antes funcionaba perfectamente puede convertirse de repente en un espacio lleno de dificultades.
La entrada al edificio. Las puertas. El cuarto de baño. La altura de determinados muebles. El espacio alrededor de la cama. La distribución de la cocina.
Elementos a los que antes apenas prestábamos atención pueden condicionar ahora actividades tan básicas como ducharse, cocinar, descansar o simplemente desplazarse de una habitación a otra.
La vivienda también influye en la autonomía
Cuando hablamos de una vivienda accesible no hablamos de crear una casa especial.
Hablamos de conseguir que la persona pueda desenvolverse en ella con la mayor autonomía y seguridad posibles.
- Poder entrar y salir.
- Moverse por las habitaciones.
- Utilizar el baño.
- Acceder a los objetos cotidianos.
- Preparar una comida.
- Realizar una transferencia con seguridad.
Y también poder recibir visitas, compartir espacios y utilizar la vivienda como cualquier otra persona.
Por eso, adaptar el hogar no es únicamente una cuestión arquitectónica. Tiene una relación directa con la autonomía y con la calidad de vida.
¿Por dónde empezar a adaptar una vivienda?
Uno de los errores puede ser pensar inmediatamente en una reforma integral.
Las necesidades dependen de cada persona, del tipo de lesión, de la vivienda y de cómo se desarrolla su vida cotidiana.
Por eso, antes de comenzar una obra conviene observar dónde están realmente las barreras.
Algunos de los espacios que suelen requerir mayor atención son el acceso a la vivienda, la anchura y apertura de las puertas, el baño, el dormitorio y la cocina.
Pero también pueden existir soluciones mucho más sencillas.
Cambiar la distribución de una habitación, colocar los objetos de uso habitual a una altura adecuada, sustituir determinados muebles o incorporar productos de apoyo puede mejorar considerablemente la autonomía sin necesidad de realizar una gran reforma.
La pregunta no debería ser únicamente “¿cómo hacemos accesible esta casa?”, sino: “¿Qué necesita esta persona para desenvolverse mejor en ella?”
El baño: uno de los primeros puntos críticos
El cuarto de baño suele ser uno de los espacios donde antes aparecen las dificultades.
Una bañera, un acceso estrecho o una distribución con poco espacio pueden complicar enormemente actividades cotidianas.
La sustitución de la bañera por una ducha accesible, la instalación de barras de apoyo o la redistribución de determinados elementos son algunas de las actuaciones habituales.
Pero incluso aquí no existe una solución universal.
Una barra colocada en un lugar incorrecto puede ser prácticamente inútil. Una ducha puede estar a ras de suelo y seguir sin resultar funcional si no existe espacio suficiente para utilizarla.
Adaptar no consiste simplemente en instalar elementos “accesibles”. Tienen que responder a las necesidades reales de quien va a utilizarlos.
Adaptar una casa también tiene un coste
Y esta es una parte de la conversación que no debemos ignorar.
Algunas adaptaciones son sencillas y económicas. Otras implican obras importantes: modificar baños, ensanchar puertas, instalar rampas o salvaescaleras, adaptar una cocina o intervenir en zonas comunes del edificio.
Mientras se llevan a cabo estas adaptaciones, la persona tiene que seguir desenvolviéndose en una vivienda que quizá todavía no responde a sus necesidades.
Por eso es especialmente importante conocer las posibles ayudas públicas destinadas a mejorar la accesibilidad de las viviendas y recibir asesoramiento antes de iniciar las actuaciones.
Una casa accesible no debería ser un lujo
La vivienda es mucho más que el lugar donde dormimos. Es donde empieza buena parte de nuestra autonomía.
Por eso, cuando una persona con lesión medular regresa a casa, disponer de un entorno adecuado puede marcar una enorme diferencia en su día a día.
No se trata de crear hogares especiales.
Se trata de que algo tan básico como entrar en tu casa, utilizar tu baño o preparar tu propia comida no dependa constantemente de otra persona.
En ASPAYM Madrid acompañamos a las personas con lesión medular y a sus familias también en ese proceso de adaptación a una nueva realidad, facilitando información y orientación sobre los recursos disponibles.
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